
Los hombres tenemos actitudes y acciones, que dan pistas para la pista que nos ha de definir. O quizá nuestra propia pista sea la descriptiva de quienes somos, y qué habremos de hacer o impresionar...
Mendoza era un desierto, o es... un desierto regado, transformado por el hombre. Pretender despegar de un desierto rumbo al castillo donde posan las palomas mensajeras sin mensaje ni paz, y sólo para comer las migajas que les da el pueblo, merecerá el socorro de la lluvia providencial de Dios. Pretender aterrizar en la Casa Rosada o en una casa de Gobierno provincial sin el soporte de la integridad, no merece ser sostenido por ningún pueblo sensato, acostumbrado a, y decepcionado por tantos personalismos que nunca hicieron bien al país.
Haceme caso. No votes al hombre. Votá al país.

No hay comentarios:
Publicar un comentario